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La receta de Oxfam para que los ricos compartan algo de la riqueza tras la pandemia

21 de enero de 2022 · Bárbara Anderson

Publicado originalmente en Bloomberg Línea. El enlace canónico de esta página apunta al medio, que conserva su posicionamiento en buscadores.

Bloomberg Línea Ideas — “Hay dinero de sobra para resolver la mayoría de los problemas del mundo”, dice ni más ni menos que Abigail Disney, activista, documentalista y miembro de Patriotic Millonaires en el prólogo del reporte 2022 de OXFAM a nivel global. El documento es un cúmulo de cifras que arrancan con un dato poderoso: desde el inicio de la pandemia ha surgido un nuevo multimillonario en el mundo cada 26 horas. El COVID-19 tuvo la capacidad de duplicar la fortunas de los 10 hombres más ricos del mundo mientras otras 160 millones de personas cayeron en pobreza. La solución entre el exagerado péndulo de los recursos extremos y escasos lo ven con la implementación de un modelo fiscal global progresiva que a los gobiernos un mayor acceso a recursos (o una mejor distribución de la prosperidad nacional) para mejorar los servicios básicos que necesita un país para pisos más parejos: educación, salud y seguridad. ¿Qué pasa en México? Los datos aportados por su filial local refuerzan la tendencia global: Según los cálculos de OXFAM México, un impuesto progresivo anual a la riqueza de las personas que tengan más de 100 millones de pesos permitiría recaudar unos MX$400.000 millones al año, un monto suficiente para cubrir todos los programas actuales de la Secretaría de Bienestar. México tiene poco ‘cash’ para lograr cambios de fondo en cuestiones básicas porque es de los países con la menor recaudación fiscal no solo de Latinoamérica sino también de la OCDE. Cada año se recauda el equivalente a 13% del PIB mientras que Brasil está en un 33%, Argentina 29% y Colombia en 19%. No solo es poco sino que ya desde el arranque están comprometidos esos ingresos: 7 de cada 10 pesos de ingresos públicos se dirigen a cubrir gastos comprometidos el pago de deuda, pensiones y transferencias a estados y municipios. Como bien dijo hace unas semanas el exsecretario general de la OCDE José Ángel Gurría: estamos condenados a ser un país con problemas en sus ‘hormonas del crecimiento’. “En México, como tenemos un ingreso chiquito, estamos condenados a seguir teniendo un Estado chiquito, un Gobierno chiquito”, afirmó el también exsecretario de Hacienda. “Según la Cepal, la mortalidad por COVID-19 es más alta en hospitales públicos que en privados, y eso da cuenta de la baja inversión del estado mexicano y la enorme desigualdad. Consideramos que debe haber un sistema universal de salud, no sólo con cobertura general sino de calidad. Y eso requeriría -al menos- el doble de lo que se gasta ahora. Pero como no hay espacio fiscal, lo primero qué hay que hacer es una reforma fiscal progresiva”, me dice Alexandra Haas, directora ejecutiva en el país de Oxfam México. Para esta organización, si no se lleva a cabo una reforma fiscal que tome en cuenta además los cambios demográficos en México, las generaciones futuras tendrían que pagar 6 veces más que las actuales para recibir los mismos bienes y servicios públicos que hoy reciben tanto en cantidad, como en calidad. Sin dudas en materia impositiva, México no ha actuado de acuerdo con su grado de desarrollo. Por décadas el petróleo fue el amortiguador y el salvador de lo que no se recauda al resto de la economía mexicana. Una reforma fiscal a lo Robin Hood ya había sido propuesta al gobierno mexicano en los años 60 por un economista húngaro contratado por la SHCP, Nicholas Kaldor. Su propuesta no tuvo éxito porque ponía en riesgo una fuga de capitales, ¿tendrán en cuenta este detalle los analistas de OXFAM o el presidente Andrés Manuel López Obrador quien lo presentó como idea propia y original hace algunas semanas en la ONU?

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